Las organizaciones transnacionales
como agentes del desarrollo local.
Retos y oportunidades del Programa 3×1 para Migrantes
by Amy Shannon*
¿De qué hablamos cuando decimos
“sociedad civil transnacional”?
EN LOS ÚLTIMOS dos decenios, migrantes provenientes de América
Latina han llegado en número récord a Estados Unidos y
han formado nuevas organizaciones comunitarias. Dichas organizaciones
tienen distintos objetivos: algunas, con larga tradición, proporcionan
servicios diversos a los recién llegados; otras han estado muy
activas en la promoción de políticas locales, nacionales
e internacionales relacionadas con sus regiones de origen; varias más
han surgido en momentos de desastres naturales con el fin de recolectar
y canalizar donativos para la región afectada. Finalmente, las
de formación reciente muestran en general un corte más
cívico o cultural.
Lo característico de estas organizaciones es que, a pesar de
contar con comunidades y redes sociales en Estados Unidos, siguen preocupándose
y apoyando a sus comunidades y países de origen, poniendo especial
atención en el desarrollo comunitario local. Lo peculiar, sin
embargo –y por esta razón la llamamos sociedad civil transnacional–,
es que este esfuerzo se lleva a cabo por organizaciones y líderes
de manera simultánea tanto en Estados Unidos comoen su país
de origen. Esta peculiaridad ofrece a los dirigentes de los clubes de
migrantes latinoamericanos otra perspectiva sobre los desafíos
que representa la promoción de una política de desarrollo
económico.
Los migrantes mexicanos, por ejemplo, tienden a organizarse para formar
clubes o grupos sociales entre quienes provienen del mismo pueblo o
región. Dichas asociaciones sirven como espacio para la recreación
y socialización a través de certámenes deportivos,
bailes o celebraciones culturales. Con el tiempo, estos clubes se convierten
en vehículos mediante los cuales los migrantes construyen redes
dentro de sus propias comunidades, preservando los vínculos con
sus paisanos en las comunidades de destino y con sus familias en las
comunidades de origen. El que este intercambio se desarrolle de manera
transnacional cambia el sentido de las organizaciones, ya que al mismo
tiempo participan en eventos culturales en Estados Unidos y generan
recursos para apoyar el desarrollo de sus comunidades de origen al financiar
en ellas proyectos sociales. Por ello estos grupos, conocidos como “asociaciones
o clubes de oriundos”, han recibido mucha atención tanto
de gobiernos como de agencias de asistencia internacional, ya que han
descubierto que los migrantes constituyen la principal fuente de ingresos
en muchas localidades plagadas por la pobreza.
En los últimos años, algunas federaciones(1)
han empezado a coordinar sus actividades en el ámbito político,
como la Confederación de Federaciones Mexicanas (Confemex) en
Chicago, el ejemplo más avanzado de este tipo de “asociación
de asociaciones”. La Confemex es una alianza de nueve federaciones
de clubes mexicanos del área de Chicago en la que cada uno de
sus miembros, a su vez, se vincula con clubes o comités de oriundos
de diferentes estados y municipios de México. Este desarrollo
otorga a la comunidad migrante en Chicago una amplia visibilidad.
La Confemex tiene una misión explícitamente
binacional: busca lograr una vida más digna y justa para la comunidad
de migrantes mexicanos en Chicago y su área conurbada, así
como para sus familias y vecinos que han quedado en sus lugares de origen.
De forma paralela, lanzó un programa de cursos de capacitación
para miembros de clubes y federaciones que enfocará temas de
liderazgo, planeación estratégica y administración
financiera. A través de este programa busca que los líderes
migrantes mexicanos profundicen su conocimiento en áreas de incidencia
política y organización, con el fin de ganar eficacia.
Por otra parte, la Confemex fue uno de los organizadores
de la marcha de 10 de marzo de 2006 en Chicago, que se propuso presionar
a favor de una reforma migratoria y se transformó en un evento
histórico, no sólo por la cantidad de personas convocadas
(más de 200,000, según los últimos conteos) sino
por la presencia masiva y visible de las organizaciones de oriundos
mexicanos. La marcha de Chicago sirvió, además, como catalizador
para manifestaciones posteriores en todo Estados Unidos. En paralelo,
la Confemex jugó un papel protagónico, por ejemplo, en
el registro de votantes en el exterior para las elecciones de julio
de 2006.
Remesas colectivas y el Programa 3×1
Los fondos canalizados por los clubes y organizaciones
de migrantes desde el extranjero, bajo la forma de remesas colectivas,
resultan insignificantes si se los compara con los miles de millones
de dólares enviados por los migrantes de manera individual en
concepto de remesas familiares. No obstante, estas donaciones- inversiones
se incrementan anualmente en la medida en que las organizaciones se
consolidan y son capaces de desarrollar agendas más ambiciosas
para influir en el desarrollo de sus comunidades de origen. La realidad
es que los (las) migrantes ya son protagonistas importantes en ellas,
como fuente de apoyo familiar y como promotores de proyectos locales.
En algunos casos, no han dejado de jugar roles trascendentes en la comunidad
a través de cargos, tequio(2) etcétera.
En algunos lugares buscan incluso alcanzar papeles formales en los gobiernos
locales y estatales, como diputados y alcaldes. De cara al futuro, el
reto fundamental para los migrantes y los gobiernos consiste en encontrar
formas en las que la participación del migrante se convierta
en un factor de transformación positiva. En el caso específico
de las inversiones que realizan a través del Programa 3×1,
la pregunta clave es: ¿cómo traducir la inversión
de los migrantes en verdaderas oportunidades económicas para
sus comunidades de origen?
Como se ha descrito en otros capítulos de este
libro, el Programa 3×1 es una iniciativa del gobierno mexicano
que busca incentivar a los grupos de migrantes organizados en Estados
Unidos para que inviertan en sus pueblos de origen. Bajo este esquema,
un proyecto que recibe financiamiento de un club de oriundos en el exterior
puede acceder a fondos complementarios de los gobiernos federal, estatal
y municipal, de tal forma que, por cada dólar invertido por los
migrantes, el proyecto puede recibir hasta tres dólares adicionales.
Esta fórmula ha motivado a muchos clubes de oriundos mexicanos
a reunir esfuerzos para hacer inversiones sociales en sus comunidades
de origen.(3) En algunos estados, los grupos demigrantes
han ganado una influencia decisiva en el diseño de los proyectos
y, en otros, los gobiernos municipales y/o estatales han dirigido el
proceso.
Durante los dos últimos años, con el apoyo de la Fundación
Rockefeller, Enlaces
América ha conducido un proyecto de investigación participativo
con miembros de la Fedecmi y otras federaciones de migrantes organizadas
en el área de Chicago; su propósito: entender las motivaciones
y prácticas de inversión social llevadas a cabo por organizaciones
transnacionales.(4) El trabajo se ha enfocado en el
estudio de los proyectos que han recibido financiamiento complementario
del Programa 3×1, con el fin de entender las oportunidades y los
retos que presenta dicho programa y, en un contexto más amplio,
encontrar los mecanismos para ampliar el impacto de las remesas –y
otras inversiones de migrantes– en sus comunidades de origen.
A continuación se presenta un breve bosquejo de los resultados
de este trabajo, que incluye una investigación de campo realizada
por nosotros en el verano de 2004, y otra de una delegación de
líderes migrantes a principios de 2005. Todos estos proyectos
se encuentran en una fase temprana de implementación y, por lo
tanto, sería prematuro referirse a ellos como “éxitos”
comprobados. No obstante, cada uno de estos casos representa una oportunidad
para analizar los retos que enfrentan las organizaciones de migrantes
al invertir en la creación de oportunidades económicas
en sus comunidades de origen.
Proyectos de base comunitaria con accionistas
migrantes de Atacheo, Michoacán
Atacheo es una comunidad que pertenece al municipio de
Zamora, Michoacán, con una población, en 1995, de 2,254
habitantes. Está localizada a 13 kilómetros de distancia
de la cabecera municipal –Zamora– y la agricultura y la
ganadería dominan su actividad económica. Según
Conapo, tiene un elevado índice de intensidad migratoria, frecuente
en esta región. Los proyectos con los migrantes han sido impulsados
por el párroco de Atacheo, Marco Linares (5)
quien ha dirigido diversos esfuerzos de desarrollo económico
local, la mayoría de naturaleza agrícola. Estos proyectos
tienen un enfoque explícito de promoción del desarrollo
y capacitación de jóvenes de la comunidad y buscan fomentar
la creación de pequeños empresarios, lo que determina
su escala. Los proyectos incluyen un taller de fabricación de
bocinas, una planta para la crianza y alimentación de pavos y
un invernadero para la producción de flores y tomates; su particularidad
es que fueron desarrollados utilizando de manera consciente criterios
de promoción del “desarrollo sostenible” a nivel
comunitario.
De acuerdo con el padre Linares, los criterios prevalecientes
en el diseño de
los proyectos fueron:
- Proveer empleo
y reducir la migración.
- Aprovechar la
riqueza de recursos humanos y naturales en la comunidad.
- Promover el orgullo
cívico en los pobladores.
- Desarrollar
relaciones laborales con énfasis en el trabajo en equipo y
la
automotivación personal.
- Agregar valor
a los productos rurales y revalorizar la vida rural.
- Producir de
acuerdo con los estándares de calidad internacional.
- Promover la
unidad comunitaria como elemento esencial del desarrollo.
- Estimular la
inversión de los migrantes.
- Promover la
autoestima y el sentido del logro.
- Exigir al gobierno
que cumpla sus obligaciones como socio, como facilitador
y como garante de los proyectos.
- Potenciar a
las comunidades para que se conviertan en protagonistas de
su propio desarrollo.
Los migrantes juegan un papel importante ya que actúan, principalmente,
como fuente de capital y, en algunos casos, haciendo uso del Programa
3×1. Los proyectos de
Atacheo han recibido reconocimiento gubernamental al representar un
modelo innovador con posibilidades de réplica en otras localidades,
aunque algunos se hayan enfrentado con difíciles problemas financieros
y otros con serias dificultades técnicas. A pesar de ello, tanto
el gobierno federal como el gobierno del estado de Michoacán
les han dado asistencia financiera adicional.
Los proyectos de Atacheo
reflejan el esfuerzo deliberado del padre Linares por dar prioridad
al bienestar local y al desarrollo de líderes en las comunidades.
Los criterios que guiaron la selección y desarrollo de los proyectos
ofrecen un referente para medir los aspectos no financieros asociados
al “éxito” a largo plazo de los mismos. Por ejemplo,
Atacheo promueve un modelo de propiedad muy innovador en el cual ningún
inversionista puede ser dueño de más de 5 por ciento de
las acciones, con la intención de evitar la consolidación
de poder en un solo inversionista o un reducido grupo de inversionistas.
Otro aspecto innovador de esta experiencia reside en que el padre Linares
y los propios inversionistas han desarrollado contratos formales para
documentar los roles y responsabilidades de los migrantes y otros inversionistas,
así como de los principales actores locales. Los documentos y
contratos firmados se han convertido en el “estándar”
que siguen proyectos similares promovidos en otras regiones, financiados
también por migrantes a través del Programa 3×1,
en donde se incluye un lenguaje común sobre derechos y responsabilidades.
Habrá que esperar resultados para ver hasta qué punto
estos contratos podrían representar un modelo de mejores prácticas
en el ámbito de la inversión social.
Invernaderos en San Rafael, Michoacán
Los invernaderos se realizan a través de inversiones muy significativas
si se compara con los estándares de inversión comunitaria
actual. Desde su inicio en 2003 se han invertido en este proyecto aproximadamente
250,000 dólares. Los viveros se dedican a la producción
de tomate para el mercado nacional y el de exportación. Sus dos
principales inversionistas son conocidos empresarios radicados en Chicago,
quienes han recibido el apoyo de sus respectivos clubes para obtener
financiamiento complementario del Programa 3×1. A pesar de que
los invernaderos de San Rafael han experimentado problemas técnicos,
sus inversionistas esperan con optimismo la cosecha de este año.
Los proyectos utilizan tecnología “hidropónica”,
que requiere mucha cantidad de agua, por lo que satisfacer las necesidades
de riego se complica debido a los conflictos existentes en la región,
lo que pone en duda su sostenibilidad en el largo plazo. Adicionalmente,
y a pesar de que los invernaderos requieren poca mano de obra –ya
que emplean trabajadores temporarios, principalmente para los periodos
de cosecha– los inversionistas han encontrado dificultades para
reclutar personal calificado con los salarios prevalecientes en la región.
Los invernaderos llaman la atención entre los clubes de migrantes.
Según un dirigente de la Federación de Michoacanos en
Chicago, alrededor de siete clubes tienen listos proyectos de invernaderos
que pretenden financiar a través del 3×1. Sin embargo,
hasta el momento de elaborar esta monografía, no habían
establecido los contactos necesarios entre los diferentes grupos para
consolidar sus propios proyectos y aprender de las experiencias existentes,
ya que los invernaderos han experimentado desafíos significativos
en aspectos de tipo técnico y laboral. Además, la naturaleza
productiva del proyecto invita a una reflexión adicional sobre
el uso de fondos gubernamentales –que por su naturaleza deben
destinarse al bienestar público– en el financiamiento de
obras que, en caso de resultar exitosas, podrían garantizar beneficios
para los inversionistas y no necesariamente expandirse a la comunidad
en general.
Los proyectos productivos financiados dentro del Programa 3×1
han generado una serie de preguntas que valdría la pena examinar
con cuidado: ¿hasta qué punto pueden o deben las inversiones
individuales estar sujetas a escrutinio y responsabilidad públicos?,
¿qué impacto tiene la migración en los mercados
laborales locales?, ¿se debería esperar que los inversionistas
migrantes paguen salarios más altos por el hecho de ser migrantes?,
¿cómo se logra la sostenibilidad del proyecto en el largo
plazo?, ¿cuáles son las necesidades de apoyo técnico
y estudios de mercado que se deben realizar para promover proyectos
productivos?, ¿tiene el Programa 3×1 la capacidad de proveer
dicho apoyo?, ¿cómo se podría apoyar e incentivar
el intercambio de experiencias y lecciones aprendidas de los proyectos
productivos?
Las becas estudiantiles en Indaparapeo
El proyecto de becas para estudiantes de Indaparapeo representa una
forma innovadora de inversión, tanto por el tipo de proyecto
como por el modelo organizativo transnacional que le dio origen. El
proyecto está financiado por dos clubes de oriundos de Indaparapeo,
uno establecido en Illinois y otro en California. Estos dos clubes se
unieron con una organización de educadores del municipio para
formar una organización, sin fines de lucro, llamada Grupo Indaparapeo.
Este grupo, miembro de la Federación de Clubes Michoacanos en
Illinois, decidió invertir en capital humano mediante la creación
de becas estudiantiles para jóvenes que estudian a nivel postsecundaria:
bachillerato, universidad o escuelas profesionales. Durante el primer
ciclo, con participación dentro del Programa 3×1, se otorgaron
21 becas de 1,500 pesos (150 dólares) mensuales cada una.
Una parte innovadora de este proyecto es que obliga a los becarios
a establecer ciertos compromisos de participación y promoción
de actividades de desarrollo comunitario. Primero, a cada estudiante
se le asigna la ejecución de un trabajo voluntario en beneficio
de su comunidad, como tutoría a estudiantes de primaria, desarrollo
de programas culturales, educación ciudadana para conservación
de agua, siembra de flores en parques de su ciudad, entrenamiento sobre
el uso de computadoras, etcétera. Además, se les obliga
a contraer un segundo compromiso: que cada estudiante becado contribuya
con una décima parte de lo que recibe mensualmente a un fondo
para futuras becas.
Este proyecto sobresale porque se trata, desde sus orígenes,
de uno de los pocos modelos que hemos podido identificar basado en una
fuerte capacidad organizativa binacional. El Grupo Indaparapeo se establece
con la participación formal y práctica de dirigentes residentes
en el municipio, así como de sus contrapartes en Estados Unidos.
Por ejemplo, la selección del tipo de inversión y de la
naturaleza del proyecto surgió de un diálogo directo entre
los inversionistas y sus contrapartes organizados en el pueblo, dando
una característica adicionala este proyecto: la participación
de la comunidad como factor clave. Hasta la fecha, los dos clubes en
Estados Unidos obtuvieron bastante éxito en la recaudación
de fondos para las becas a través de bailes, eventos y donativos
de sus propios miembros y de algunas empresas estadounidenses.
Sin embargo, es importante mantener el monitoreo del proyecto para evaluar
si las becas se mantienen el tiempo suficiente para que los estudiantes
puedan completar sus estudios. Otra cuestión interesante a verificar
es si los estudiantes que reciben las becas permanecerán en la
comunidad o terminarán dejándola. Sin embargo, un punto
a discusión es, precisamente, si la permanencia o no en la comunidad
debería de constituir un criterio para medir el éxito
del proyecto, ya que se puede argumentar que la inversión en
capital humano produce beneficios aunque los estudiantes se vean obligados
a abandonar su comunidad para buscar trabajo. Parece obvio, de cualquier
manera, que la metodología necesaria para evaluar el impacto
de este tipo de inversión es muy distinta a la que se usaría
para medir los efectos de un camino, una plaza u otros proyectos financiados
por el Programa 3×1.
¿Es posible realizar proyectos productivos?
A pesar de que la vasta mayoría de las remesas colectivas de
los clubes migrantes se han dirigido a apoyar el desarrollo de infraestructura,
reconstrucción de iglesias
y actividades culturales, hoy en día prevalece la búsqueda
de un mecanismo de financiamiento de “proyectos productivos”
para promover el desarrollo económico
de las regiones expulsoras de población. Sin embargo, todavía
no existe consenso sobre qué constituye un “proyecto productivo”,
ni hay un criterio claro para la evaluar el éxito de los mismos.
En unos casos, los proyectos productivos comunitarios son financiados
bajo las mismas motivaciones filantrópicas que dieron lugar a
las inversiones en caminos y a la rehabilitación de las iglesias
o plazas comunitarias promovidas durante años por los clubes
de oriundos en sus lugares de origen; en otros, los socios financieros
buscan esencialmente obtener ganancias.
Por la importancia del tema, creemos necesario hacer un análisis
minucioso y más profundo sobre el reto que representa la realización
y promoción de los proyectos productivos. A diferencia de los
proyectos 3×1 para infraestructura, la promoción de proyectos
que buscan promover el desarrollo regional es mucho más compleja
que dirigir fondos adicionales, como sucede en los primeros. En la mayoría
de los países, los gobiernos cuentan con varias décadas
de experiencia en la promoción de proyectos de desarrollo rurales
que han fracasado, por lo que aún no queda claro cómo
o por qué estos nuevos proyectos, financiados ahora por migrantes,
vayan a resultar exitosos.
Los estudios de casos presentados en este capítulo sugieren
que, en la mayoría de ellos, ni los gobiernos ni los inversionistas
migrantes muestran una visión clara de la manera en que sus inversiones
impactarán positiva o negativamente en el bienestar comunitario,
más allá de una vaga noción de que se “están
creando empleos”. Tampoco se ha realizado hasta ahora un esfuerzo
sistemático de recopilación de datos comparativos que
permitan justificar que estos proyectos constituyen un nuevo modelo
de desarrollo rural. No pretendemos sugerir, sin embargo, que debería
inhibirse la inversión en el desarrollo local. Creemos que la
interacción de los clubes, las comunidades de origen y los tres
niveles de gobierno ofrecen una oportunidad importante para fomentar
un proceso de aprendizaje que sirva como base para construir un modelo
alternativo de desarrollo económico, parcialmente financiado
por migrantes. Al mismo tiempo, se involucra a los migrantes en debates
sobre política económica en el contexto comunitario, contexto
en el que depositan sus inversiones.
Creemos que las experiencias en las que los migrantes han financiado
proyectos de desarrollo local ayudarán, en el largo plazo, a
crear una agenda de desarrollo más amplia. En ella se deberían
incluir preguntas sobre cuáles son las responsabilidades implícitas
de los gobiernos, de los grupos de migrantes, de la sociedad civil,
de las organizaciones filantrópicas y de las mismas comunidades,
a fin de reconsiderar el papel de los migrantes en el desarrollo local.
Los clubes de migrantes tienen un fuerte interés en analizar
los impactos de sus inversiones, por lo que estarían dispuestos
a convertirse en actores clave en la evaluación de los proyectos
productivos existentes así como en la promoción de nuevas
políticas favorables al desarrollo sustentable y equitativo,
como el Programa 3×1. Esta necesidad se ha hecho más evidente
ahora que el 3×1 ha atraído a prácticamente la totalidad
de los gobiernos estatales en México, lo que hace que el momento
actual abra una oportunidad ideal para analizar el modelo antes de que
éste se replique a través de México y en otros
países.
Al mismo tiempo, algunas organizaciones de migrantes –quizás
en mayor medida las asociaciones tipo Confemex– podrían
empezar a jugar un papel más protagónico para influir
en la política exterior de Estados Unidos y las políticas
de las instituciones financieras internacionales –Banco Mundial,
Banco Interamericano de Desarrollo y Fondo Monetario Internacional.
Aunque sabemos que no todas las organizaciones de migrantes van a proponerse
jugar un papel de defensoría de manera prioritaria, algunas podrían
convertirse en protagonistas que aboguen por una mejor política
exterior en Estados Unidos. Esta nueva acción colectiva podría
resultar del hecho de que los grupos migrantes han vivido las consecuencias
de políticas erróneas por parte de Estados Unidos, así
como de proyectos fracasados promovidos por instituciones financieras
internacionales, lo cual les otorga una autoridad moral suficiente para
influir en su favor eldebate estadounidense, así como para tratar
de forzar la definición de políticas macroeconómicas
internacionales.
Finalmente, ¿qué se necesitaría para potenciar
a los migrantes como agentes transformadores del desarrollo local en
sus comunidades de origen? Creemos que tanto clubes como los distintos
niveles de gobierno podrían enfocar sus esfuerzos en dos puntos
fundamentales:
- Una
inversión sistemática en el desarrollo de destrezas
y capacidades en las organizaciones de migrantes mexicanos y sus contrapartes
en los lugares de origen.
Nuestra
experiencia señala que, con frecuencia, las agrupaciones de
migrantes apoyan financieramente lo que perciben como una amenaza
o una preocupación inmediata de su comunidad: una ley dañina,
un desastre climático o alguna otra crisis local. Con el tiempo,
las organizaciones que perduran ven la necesidad de ampliar su gama
de actividades, aunque la mayoría se mantienen más o
menos reactivas a acontecimientos externos a la organización.
En consecuencia, si bien han tenido mucha capacidad para actuar con
eficacia ante los retos presentados por este contexto externo, como
por ejemplo la alternativa de triplicar los recursos
donados a las comunidades con el establecimiento del Programa 3×1,
muchas veces carecen de la capacidad de elaborar y proyectar una agenda
propia.
En el caso particular del 3×1, muchos clubes han logrado organizar
eventos que les permiten reunir cantidades significativas de dinero
y, con ello, aprovechar la oportunidad de multiplicar por cuatro sus
inversiones comunitarias al vincularlas con el esquema 3×1.
Sin embargo, son pocos los clubes que han logrado gestionar una planificación
coherente, a nivel comunitario, para evaluar y detectar las oportunidades
desde la óptica de sus propias aspiraciones para promover el
desarrollo local. Aún más: escasas organizaciones han
promovido una evaluación de los efectos que el Programa 3×1
tiene como mecanismo de apoyo al desarrollo local, comparándolo
con otras iniciativas con fines similares pero que no otorgan un papel
protagónico a los migrantes(6) Al mismo tiempo,
creemos urgente promover el desarrollo de capacidades de grupos locales,
por la cercana relación que mantienen con el tema y para que
el desarrollo se sostenga en el largo plazo. El reforzamiento de la
capacidad de gestión local tendría como fin lograr que
las inversiones o donativos de los migrantes alcancen los resultados
transformadores a los que todos aspiran. Para ello, resulta indispensable
contar con actores locales comprometidos con el éxito del proyecto
pero, sobre todo, para que éstos se encuentren capacitados
para llevarlo a cabo.
Aunque todavía no existe una literatura amplia sobre este tópico,
las investigaciones llevadas a cabo en 2005 por Rodolfo García
Zamora, de la Universidad Autónoma de Zacatecas, han mostrado
que las inversiones con un
impacto más duradero en las comunidades son aquellas que se
originaron en la planificación local integral y que involucran
tanto a los migrantes como a sus contrapartes locales desde el proceso
de planificación de la obra. Informalmente, muchos grupos de
migrantes reconocen que sus donativos han tenido menos impacto del
esperado, debido en gran medida a la falta de actores locales capacitados.
Hasta la fecha, ha habido muy poca inversión en el desarrollo
de capacidades translocales, pero creemos que ésta representa
una oportunidad enorme para mejorar la calidad de ese tipo de desarrollo.
- Movilizar
los recursos que permitan a los grupos comunitarios transnacionales
de base estar a la altura de su potencial
La movilización de recursos económicos y humanos constituye
todavía uno de los principales obstáculos a enfrentar
para que los grupos comunitarios transnacionales de base destaquen
en los ámbitos nacional e internacional. De seguir esta situación,
sin duda enfrentaremos un resultado no deseado: las crecientes expectativas
que generan las remesas colectivas, y los proyectos
comunitarios que se financian con ellas, no van a la par en inversión
en organización, salud y desarrollo en las comunidades receptoras.
Este problema
refleja la insuficiente atención puesta por los grupos de filantropía
tradicional hacia los grupos encabezados por migrantes (en especial,
hacia aquellos que se organizan por afinidad étnica) y, al
mismo tiempo, un sesgo estructural dentro de los propios clubes, que
canalizan recursos hacia fuera (provisión de servicios y donativos
de caridad, entre otros) en lugar de hacia dentro (para personal,
planificación y capacitación, por ejemplo).
El uso y la asignación de recursos implican un serio dilema
para las organizaciones transnacionales. Por una parte, las organizaciones
disponen de
escasos recursos y, en consecuencia, necesitan de financiamiento externo;
por el otro, parte de su fortaleza proviene del establecimiento de
vínculos estrechos con la comunidad y de la forma en que los
miembros de la misma sienten el proceso como suyo. Muchos de los grupos
comunitarios transnacionales trabajan sobre una base totalmente voluntaria
y, en algunos casos, incluso significa un honor llevar a cabo un proyecto
sin que requiera ningún gasto administrativo. Esta extraordinaria
habilidad para movilizar recursos humanos, materiales y financieros
constituye un activo muy importante de los clubes y les transfiere
mucha credibilidad a las organizaciones comunitarias, que lo utilizan
ampliamente.
No obstante, muchos dirigentes también señalan los costos
en términos de cansancio por el sobrecompromiso adquirido,
que redundan en la falta de seguimiento de muchos programas y actividades
y, por tanto, en la debilidad organizativa de los clubes. Cabe mencionar
aquí que encontramos algunos avances sobre esta flaqueza, sobre
todo cuando se trata de alianzas entre organizaciones de migrantes
y/o entre las organizaciones y entidades de asesoría. En el
caso de Confemex en Chicago, por ejemplo, la Confederación
ha empezado a tener éxito en sus gestiones con entidades filantrópicas
y gubernamentales, por lo que ya cuenta con apoyo administrativo pagado
a tiempo parcial.
Creemos que en el largo plazo, el modelo de financiamiento sostenido
se basará mayoritariamente en recursos provenientes de la comunidad
de origen. Al mismo tiempo, los clubes deberán buscar alianzas
y mecanismos de financiamiento externo que provenga de asociaciones
compatibles con la misión de la organización. En algunos
casos, ello requerirá vincular el costo de operación
del club con una agenda de promoción. Esto, a su vez, significará
replantear el papel que desempeñan los miembros, voluntarios
y personal para definir con claridad las funciones de cada uno en
el manejo de las operaciones cotidianas, de manera que los miembros
sean capaces de contratar personal asalariado que realice dichas actividades.
De consolidarse exitosamente, el modelo integral de financiamiento
ofrecerá la doble ventaja de permitir, por un lado, que los
principales participantes experimenten un sentido de pertenencia,
y que la organización disponga de mayor grado de autonomía
al momento de definir sus prioridades, por el otro. Sin embargo, alcanzar
este resultado requerirá de un proceso cuidadoso y bien pensado.
Los gobiernos y las entidades filantrópicas pueden desempeñar
un papel catalítico trascendental para apoyar las estrategias
de financiamiento sustentables, siempre y cuando entiendan los escollos
que representa la falta de organización de las comunidades
receptoras –así como la falta de capacitación
en recursos humanos– entre muchos de los problemas existentes
en los pueblos expulsores. Hace falta que esta actuación se
haga a través de un enfoque integrado que incluya ayudar a
que las organizaciones comunitarias transnacionales construyan equilibradamente
sus propias estrategias de desarrollo para la obtención de
recursos, y que éstas incorporen la recaudación de fondos
entre la comunidad así como al voluntariado, entre otros elementos
fundamentales.
Reflexiones finales
Nuestro trabajo en Enlaces América en los últimos
tres años nos ha convencido de que las organizaciones de migrantes
cuentan con un potencial enorme para desempeñar un papel positivo
en el fortalecimiento de sus comunidades y para estimular el desarrollo
económico de éstas tanto en Estados Unidos como en sus
países de origen. Sin embargo, dicho potencial no podrá
realizarse si no se invierte significativamente en el desarrollo de
capacidades de las organizaciones en el largo plazo. Además,
dicho potencial tampoco se realizará si las organizaciones se
limitan a trabajar de manera asistemática en el ámbito
local y sin tomar en consideración obstáculos mayores
como, por ejemplo, la crisis generalizada en el sector agrícola
en América Latina, el ambiente crediticio, las políticas
industriales que favorecen (o no) a las pequeñas y medianas empresas,
etcétera.
Por otra parte, es fundamental no caer en el error de pensar únicamente
en los aspectos económicos que representan las comunidades transnacionales
organizadas. Verlas con un enfoque excesivamente “desarrollista”
hace perder de vista la complejidad del fenómeno migratorio,
lo cual tiene implicaciones importantes tanto para la construcción
de nuevos modelos de participación pública como para las
vidas de millones de familias en nuestro hemisferio.
Creemos que este momento ofrece una oportunidad para que organismos
filantrópicos y gobiernos desempeñen un papel catalítico
en la promoción del desarrollo comunitario y de la sociedad civil
local y transnacional. Si lo hacen con cuidado y con una visión
amplia respecto del potencial que las organizaciones transnacionales
tienen para el desarrollo económico local, así como para
la construcción de nuevos paradigmas de participación
ciudadana, de incidencia y de promoción, se logrará conjugar
esfuerzos de los clubes en Estados Unidos y de las comunidades de origen
para promover un mejor futuro para ambas.
Bibliografía
BADA, Xóchitl, “Clubes de Oriundos en los Estados
Unidos”, Serie AcciónCiudadana en Las Américas,
núm. 5, Interhemispheric Resource Center, en http: //www.irc-online.org/americaspolicy/pdf/series/us.hta.sp.pdf,
2003.
GARCÍA ZAMORA, Rodolfo, “The impacts
of Remittances in Jerez, Zacatecas”, en New Patterns for Mexico:
Observations on Remittances, Philanthropic Giving, and Equitable Development,
Harvard University Press, 2005a.
–––––––, Migración,
remesas y desarrollo. Los retos de las organizaciones migrantes mexicanas
en Estados Unidos, Zacatecas, Universidad Autónoma de Zacatecas,
2005b.
Notas:
* CEPI Fellow, ITAM y directora asociada de Enlaces América,
centro de apoyo para las organizaciones transnacionales de migrantes
latinoamericanos y caribeños. Este centro trabaja estrechamente
con migrantes latinos y sus organizaciones, bajo la premisa de que los
migrantes se encuentran en una posición sinigual para enfrentar
los complejos desafíos políticos que implica la construcción
de comunidades sustentables
en nuestro hemisferio. Nuestra función es aportar la argamasa
que permita la unión de diversas colaboraciones para ofrecer
a las organizaciones la oportunidad de ver más allá de
sus desafíos cotidianos y ampliar su perspectiva de interrelación
entre derechos de los migrantes, reforma de las políticas migratorias,
políticas para el desarrollo internacional, temáticas
ambientales y desarrollo rural y comunitario. Algunos elementos de este
capítulo fueron publicados en nuestro boletín Enlaces
News.
(1) Los “clubes” o “comités”
locales son, en general, parte de conglomerados regionales conocidos
como “federaciones” o “clubes estatales”.
(2) Tequio es una forma de organización del
trabajo comunitario con origen indígena. Se basa en la aportación
o cooperación de cada habitante en trabajo o en especie para
realizar obras en benefi cio de la comunidad.
(3) Según Xóchitl Bada, existen más
de 600 organizaciones de oriundos mexicanos en Estados Unidos. Solamente
en Chicago, se ha registrado más de 100. Bada estima, por ejemplo,
que durante la década pasada, los clubes miembros de la Federación
de Clubes Michoacanos en Illinois (Fedecmi) solamente han enviado más
de un millón de dólares para apoyar proyectos en comunidades
del estado de Michoacán.
(4) En estos seminarios han participado, por medio
de encuestas y/o a través de delegaciones en México, las
siguientes organizaciones: Casa Guanajuato, Confemex (Confederación
de Federaciones Mexicanas en Chicago), Durango Unido, la Federación
de Clubes Michoacanos en Illinois, la Federación de Clubes
Unidos Zacatecanos en Illinois y la Federación de Oaxaqueños
del Medio Oeste.
(5) Marco Linares es un sacerdote diocesano de 43 años;
llegó a Atacheo en 1999 para hacerse cargo de la iglesia Sagrado
Corazón de Jesús.
(6)Los diferentes programas y fondos dedicados a la
promoción del desarrollo de empresas pequeñas y medianas
(PyMES) de la Secretaría de Economía, por ejemplo, cuenta
con un presupuesto casi 14 veces mayor al del 3×1.