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Inyectando Racionalidad y Humanidad
en el Debate sobre Inmigracion
Por María Elena Letona

El pasado día 12 de mayo los senadores Kennedy (D-MA) y McCain (R-AZ) presentaron un proyecto de ley que propone una vía para legalizar a millones de inmigrantes indocumentados y acelerar la reunificación de aquellas familias cuyas peticiones están sin resolver desde hace años. Las comunidades de inmigrantes, los defensores de sus derechos y los activistas permanecemos prudentes pero con esperanza. Aunque la propuesta de Kennedy y McCain no refleja nuestras máximas aspiraciones acerca de lo que tendría que ser una reforma real de la política de inmigración, sabemos que en la actual coyuntura política en el Congreso, ésta puede ser nuestra mejor oportunidad.

Además, la propuesta Kennedy-McCain podría ser incluso tan “buena” que quizá corra el riesgo de quedar rezagada. ¿Por qué? Porque el debate nacional sobre política de inmigración está tan negativamente cargado que incluso los mínimos intentos de corregir un sistema injusto son recibidos con una retórica tan potente que nubla la verdad.

Aquellos que están en contra de la inmigración desvían constantemente cualquier debate racional relacionado con la reforma de la ley de inmigración con: “¿Cómo podemos recompensar a aquellos que han violado la ley?”Llamar a los inmigrantes “ilegales”, “criminales” e “infractores de la ley” hace más fácil que se aprueben leyes que les hagan daño, se evita promulgar leyes que podrían corregir las injusticias. Además, estas calificaciones enmascaran la verdad que hay tras los patrones migratorios en una economía global y la verdad que se esconde, tras una política que desgraciadamente es obsoleta e inmoral.

La verdad es que los inmigrantes no son el problema. La misma política de inmigración es el problema. En primer lugar, la política de inmigración es obsoleta porque no está sincronizada con la realidad económica global. Mientras que la política mundial está cada vez más integrada y el capital tiene libertad para cruzar fronteras como quiera, los trabajadores migrantes deben hacer frente a fronteras militarizadas y son víctimas de la criminalización de la migración indocumentada. ¿Y cómo explicamos el hecho que a pesar de esta realidad, hay como mínimo 8 millones de inmigrantes indocumentados viviendo y trabajando en los Estados Unidos?

Los defensores de los derechos de los inmigrantes están utilizado una metáfora muy elocuente: Imagínense si el límite de velocidad hubiera permanecido en las 40 millas por hora en las autopistas y los niveles de tráfico, fueran los actuales. ¿Cuántos “infractores” creen que habría? ¿Quién sería el culpable? ¿Los conductores o la propia ley? Ocurre lo mismo con la política de inmigración. Los millones de trabajadores indocumentados de los Estados Unidos no son el problema. Lo es la ley porque es obsoleta y no está en sintonía con la realidad económica global.

En segundo lugar, la política de inmigración es inmoral porque deshumaniza y criminaliza a aquellos cuyo “delito” es emigrar para sobrevivir. Literalmente desplazados de sus países de origen por guerras, persecuciones, pobreza y hambre, los inmigrantes de hoy en día se ven forzados a tomar la difícil y dolorosa decisión de abandonar familia, amigos, y país, para poder sobrevivir.

Antes que arriesgar sus vidas en un viaje que puede ser el último y vivir constantemente con temor e inseguridad, los inmigrantes preferirían venir a los Estados Unidos de forma legal. Sin embargo, no pueden porque las políticas de inmigración no se lo permiten. Una vez en los Estados Unidos, trabajan en el campo, en las fábricas, restaurantes y hoteles para que nosotros tengamos una vida más fácil. Este es su crimen.

Pero estos inmigrantes no sólo nos hacen nuestra vida más fácil, también sustentan a sus familias en su país de origen. Para muchos países de América Latina, las “remesas” monetarias que los inmigrantes que viven y trabajan en los Estados Unidos envían a sus familias constituyen su principal fuente de ingreso, manteniendo a sus economías “a flote”. Éstos motores de desarrollo económico son aquellas personas que las fuerzas anti-inmigración demonizan.

Las fuerzas contrarias a la inmigración utilizan a los inmigrantes como culpables convenientes y dicen que “si la economía no va bien es porque los inmigrantes les quitan sus trabajos.” Si los inmigrantes hacen los trabajos que nadie quiere no es porque los empleos sean “sucios” sino porque pagan muy poco, son inseguros y solo los inmigrantes están dispuestos a hacerlos. Trabajar en nuestro sistema de drenajes y recolección de basura, por ejemplo, es bastante “sucio”, pero como estos trabajos son bien pagados y están sindicalizados, los trabajos no están disponibles para la mano de obra indocumentada. Si los empleos en el área de servicios, conserjería, hoteles, restaurantes y en la agricultura se pagaran tan bien como los trabajos de sanidad pública, si en estos trabajos se pagaran los mismos salarios y prestaciones que piden los estadounidenses, ¡los precios a los consumidores subirían como la espuma!, esta es una simple lógica macro-económica: la “ley de la oferta y la demanda”.

En tercer lugar, hay bastantes inmigrantes legales que en algún momento no tenían documentación. Pero cuando se abren las ventanas de la oportunidad, aquellos inmigrantes que reúnen las condiciones necesarias para acogerse a ciertos programas de inmigración pueden arreglar su estatus u obtener un permiso de trabajo. En el caso de El Salvador, el Estatus de Protección Temporal (TPS por sus siglas en inglés) garantiza un permiso de trabajo a los salvadoreños que hayan llegado a los Estados Unidos antes del 13 de febrero de 2001, o justo ese día. Si usted es salvadoreño y llegó un día más tarde, mala suerte, ya no reúne las condiciones para “la legalización.” Sólo un día puede hacer la diferencia entre ser “legal” o “ilegal”.

Así que tenemos que cambiar la retórica de “recompensar el comportamiento ilegal” ya que esta lógica enmascara la verdadera injusticia, la inmoralidad y lo obsoleto de la política inmigración. No nos dejemos confundir, manipular o engañar por una retórica que se alimenta del miedo, el odio, y la xenofobia. Las leyes están ahí para ser obedecidas, pero en una democracia basada en los valores morales más altos, tenemos la responsabilidad de desafiar las leyes que son incongruentes con estos valores. No debemos olvidar nunca que la esclavitud fue legal. En cuanto a las condiciones de los inmigrantes y a la política de inmigración, hagamos lo correcto y lo moral, apoyemos una reforma integral de la ley de inmigración justa y congruente con la realidad económica global.

María Elena Letona es Salvadoreña y sirve en el cargo de Directora Ejecutiva de Centro Presente, una organización comunitaria en Boston, Massachussetts.