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Declaración de Cuernavaca 2005

Los días 7, 8 y 9 de abril de 2005 se celebró en la ciudad de Cuernavaca, Morelos, México, el Seminario “Problemas y desafíos de la migración y el desarrollo en América”, el cual fue organizado por la Red Internacional de Migración y Desarrollo, el Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias de la UNAM y el Centro de Estudios sobre América Latina y el Caribe de la Universidad de York (Canadá). Dicho evento reunió a académicos, funcionarios públicos y líderes de organizaciones de migrantes, con el objeto de promover un amplio debate sobre el impacto de la migración internacional en la dinámica del desarrollo de los países emisores y receptores de mano de obra en nuestro continente. Los participantes que suscriben este documento acordamos emitir la siguiente declaración que recoge las principales conclusiones de las discusiones sostenidas.

La relación entre migración y desarrollo
El modelo de desarrollo adoptado en muchos países emisores de mano de obra del continente no ha ofrecido oportunidades de crecimiento y, más en general, de desarrollo económico y social. Por el contrario, ha significado la generación de dinámicas regresivas (pérdida de trabajadores calificados, desarticulación y estancamiento productivo, inflación, profundización de desigualda des sociales, mayor dependencia económica del exterior, etc.), las que convergen en una creciente tendencia al despoblamiento y abandono de actividades productivas en las zonas de fuerte emigración. Se trata de un modelo de desarrollo que genera emigración en aumento, proceso al que se incorporan más y más personas, hogares y comunidades, de un creciente número de países y regiones.

En el momento actual, caracterizado por un flujo migratorio masivo de sur a norte y por un crecimiento sin precedente de los recursos económicos generados por los migrantes, muchas de las propuestas de desarrollo impulsadas por los gobiernos de los países emisores ubican a los migrantes y sus remesas como recursos estratégicos para la solución de los problemas económicos y sociales de sus países. La migración internacional ha sido engañosa y pasivamente incorporada a las estrategias gubernamentales, en un modelo que desvirtúa la definición del desarrollo, al fundamentarlo en la exportación de fuerza de trabajo y la captación de remesas, es decir, se promueve la idea que la migración puede y debe contribuir al desarrollo.

La política de desarrollo en contextos de alta migración reclama una modificación radical de dicha estrategia. Se necesita un modelo alternativo, que no pretenda resolver los problemas del desarrollo con las remesas y en general, con el producto del trabajo de los emigrantes, sino que ayude a reducir las crecientes asimetrías Norte-Sur y ataque con ello las causas de fondo del fenómeno migratorio, de manera tal que la población tenga más opciones en su país de origen, incluyendo la opción de no emigrar.

Las remesas familiares son un ingreso privado
Ante todo es preciso reconocer que las remesas familiares representan un componente muy importante del ingreso de millones de hogares en el continente. Este ingreso ha contribuido a reducir la pobreza en los hogares receptores de estos fondos; sin esta entrada de dinero, seguramente estarían en una situación más precaria. Empero, el grueso de las remesas no son un capital empresarial que pueda generar soluciones duraderas a problemas estructurales de fondo tales como el desempleo, los bajos salarios, el déficit de vivienda, la deserción escolar y en general, la inequidad socioeconómica prevaleciente. Las remesas no deben y no pueden sustituir a la inversión del Estado ni a la del sector privado.

…y las remesas comunitarias son donativos
Las remesas comunitarias (o colectivas) enviadas por los migrantes a sus lugares de origen han adquirido una importancia creciente a partir de la consolidación de clubes y federaciones de migrantes y por la proliferación de iniciativas de coinversión, como es el caso del programa mexicano conocido como 3 por 1. Estas donaciones han ayudado a mejorar los servicios, la infraestructura y el bienestar en muchas comunidades, y también han contribuido al empoderamiento de las organizaciones, garantizándoles un lugar en los escenarios políticos nacionales. Estos recursos son testimonio de la continua presencia y lealtad de los oriundos para con su terruño; una nueva forma de participación ciudadana desde la distancia. Sin embargo, a pesar de su importancia simbólica y práctica, estos recursos no pueden tomarse como si fuesen capital empresarial, ni como fondos de inversión municipal. No pueden solucionar los problemas de desarrollo regional y nacional, los cuales, por definición, reclaman de una participación estatal de mayor envergadura.

¿Quiénes son los responsables de la inversión?
Los Estados nacionales han restringido su inversión en muchos renglones. Según la lógica de la política neoliberal y de libre mercado, el sector privado debería ocupar los espacios dejados por el Estado para ofrecer bienes y servicios de manera eficiente. Desgraciadamente, los grandes inversionistas nacionales, sujetos a una lógica económica global, tienden más a descapitalizar que a capitalizar las economías nacionales y locales, y tienden a invertir fuera de sus países o en empresas con baja generación de empleos. ¿Por qué entonces pedirles a los migrantes que inviertan productivamente sus remesas y que las usen “eficientemente” (creando efectos multiplicadores en la economía), cuando otros sectores no lo hacen?

Los migrantes frente a la descapitalización y la globalización:
los recursos de la organización y la cultura
Para enfrentar los retos y carencias de la vida en los países de destino, los migrantes siempre han usado sus propios recursos sociales y culturales. Se han adaptado a las condiciones de vida y de trabajo, al nuevo entorno social, creando asentamientos y comunidades en dichos países. En virtud sus obligaciones familiares y sociales, mantienen vínculos personales y comunitarios con las sociedades de origen. A su vez, muchos colectivos de inmigrantes en el norte global han formado organizaciones para ayudar a sus comunidades de origen. Las actuales organizaciones transnacionales de imigrantes han proliferado gracias a su propio trabajo y en menor medida, al apoyo e incentivos gubernamentales, por lo que actualmente gozan de prestigio y poder político. Es fundamental reconocer la importancia de la contribución colectiva de los imigrantes a los esfuerzos de desarrollo local. Pero una vez más, este tipo de contribuciones colectivas no pueden ser la solución a las profundas asimetrías estructurales de raíz global, mucho menos de cara a la falta de una política productiva de desarrollo regional y nacional.


¿Y los migrantes qué?
En las discusiones sobre migración y desarrollo se suele olvidar que los migrantes internacionales son personas de carne y hueso, con lazos familiares y vínculos sociales que se amplían y fragmentan por la migración. No son únicamente fábricas anónimas de dólares. Los migrantes internacionales han sido históricamente objeto de fuertes presiones. Después de dejarlos en el olvido durante décadas, ahora los gobiernos de los países de origen les exigen que continúen con su esfuerzo heróico de enviar sus remesas, como una forma de garantizar el ingreso de recursos externos y atenuar los problemas económicos y sociales. Adicionalmente, sobre los migrantes recae la presión de resolver los problemas de subsistencia cotidiana de sus familias de origen especialmente en contextos de crisis recurrentes, lo que les demanda una mayor responsabilidad en el envío de dinero y recursos económicos. Todas estas presiones exigen un esfuerzo desproporcionado a los migrantes, sin considerar, además, que ellos forman parte de los sectores sociales más empobrecidos y vulnerables en los países de destino. Otro aspecto que también suele omitirse en las discusiones sobre migración y desarrollo son los derechos de los migrantes, tanto en los países de origen como en los de destino. Nos referimos no sólo a sus derechos laborales como trabajadores internacionales, sino también a sus derechos civiles (trato igualitario frente a las leyes), a sus derechos sociales (acceso igualitario a la protección social de los Estados), políticos (derecho a tener voz y participación en las decisiones que los afectan), culturales (derecho a expresar su identidad y cultura propias) y económicos (derecho a acceder en igualdad de condiciones a las oportunidades económicas disponibles en las sociedades de origen y de destino).

Los retos
En la historia reciente, las políticas de desarrollo de los países de origen han promovido, por acción u omisión, la migración internacional. En este contexto el gran reto es impulsar políticas de desarrollo que ofrezcan opciones reales, efectivas y de largo plazo al conjunto de la población. Dichas políticas no necesariamente deben orientarse a impedir la libertad de los ciudadanos a emigrar–pues este proceso tiene raíces sociales, políticas y culturales históricas profundas–sino a garantizar, al menos, el derecho a no emigrar. La migración internacional no debiera ser la única salida desesperada y riesgosa para poder subsistir.

Una política que posibilite el derecho a no emigrar debe tomar en consideración que la problemática del desarrollo tiene como telón de fondo las profundas y crecientes asimetrías entre los países emisores y receptores de migrantes, exacerbadas por las políticas de corte neoliberal y sus devastadores efectos en nuestros países. Se requiere, por tanto, de políticas de desarrollo alternativo que se sustenten en relaciones de colaboración entre los países del continente y que fortalezcan la formación de capital humano, en vez de propiciar su fuga y dilapidación. A esta gran tarea deben concurrir todos los sectores de la sociedad civil, migrante y no migrante.

Otro gran reto es combatir la mentalidad extractiva de las remesas, tan extendida entre muchos gobiernos nacionales y locales de países emisores, organismos internacionales e instituciones financieras, cuyo interés es la optimización de lo que se conoce como la industria de las remesas; esto es, hacer que el sistema asimétrico que genera la migración y las remesas se conserve, mantenga y funcione. Los esfuerzos por reducir los costos de transferencia de dinero, incluyendo la ampliación del acceso a servicios financieros confiables, son bienvenidos. Sin embargo, las iniciativas en este sentido no pueden limitarse solamente a abrir el mercado global de remesas a la libre competencia de grandes corporaciones financieras y bancarias. Se deben también emprender esfuerzos mayores para fortalecer la participación de entidades financieras locales en este campo, tales como microbancos y uniones de crédito sin fines de lucro, con arraigo local y regional, en zonas receptoras de remesas.

Una política integral de desarrollo no puede referirse exclusivamente al crecimiento económico, sino que implica avanzar en procesos de democratización, libertades civiles, políticas y culturales, y en el acceso a oportunidades de conocimiento que permitan la consolidación de proyectos comunitarios e individuales. La migración y sus remesas, por tanto, deben ser parte de la ecuación, más no su único o más importante componente. En este contexto, una política de desarrollo–que tome en cuenta a la migración, pero que no dependa exclusivamente de ella–debería estar orientada a promover y renovar el desarrollo local y regional, fortaleciendo a instituciones que den seguimiento a propuestas de desarrollo provenientes no sólo de instancias gubernamentales, sino también de la sociedad civil, incluidas ahí las organizaciones de migrantes. Como alternativa a una política que busca promover a toda costa obras financiadas por los migrantes, es necesario fortalecer instituciones que orienten su trabajo a promover el desarrollo local y regional.

Nos referimos en particular a diversas organizaciones civiles e instituciones de educación superior y de capacitación, que tienen como objetivo fortalecer sus vínculos con los diversos agentes del desarrollo, incluidas las propias organizaciones de migrantes. Asimismo, es preciso impulsar las iniciativas de aquellos gobiernos municipales que tengan interés en promover el desarrollo transparente y democrático, con ayuda de instituciones que brindan apoyo y capacitación desde la sociedad civil.

La migración internacional es un proceso global y como tal requiere de una visión global para su comprensión. En tal sentido, el surgimiento de nuevas formas de organización o de estructuración social que trascienden fronteras, generan no sólo una problemática distinta (en los niveles familiar, comunitario y nacional), sino también oportunidades para impulsar alternativas de desarrollo inéditas que ayuden a combatir la desigualdad y coadyuven al desarrollo integral. Estas iniciativas requieren de un nuevo modo de pensar y actuar, divorciados de las viejas estrategias desarrollistas basadas exclusivamente en el crecimiento económico. Por ello, las políticas o iniciativas ligadas a la migración, en tanto proceso global deben fincarse–de manera simultánea–en las especificidades de las condiciones locales, regionales y nacionales de los países emisores, al mismo tiempo que en las condiciones particulares de inserción de los migrantes en las sociedades receptoras. Aquí, la voz de los migrantes como ciudadanos activos ante el Estado y la sociedad es fundamental. El gran desafío para los que participamos en este seminario es, en suma, afianzar nuestra propia red y avanzar en lo posible hacia la construcción de una red de redes, fortalecer los vínculos con las comunidades migrantes y promover la comunicación e ingerencia en la definición y puesta en marcha de políticas públicas orientadas a fortalecer procesos de desarrollo a corto, mediano y largo plazos.

Para ver la lista de firmantes de este documento, por favor visite: www.migracionydesarrollo.org